¡Te convertirás en conquistador del eje neo volcánico poblano!

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Testimonio

Llegar a la rompepiernas con apenas 90km entrenados iba a ser todo un reto. Las últimas semanas de lluvia nos impidieron entrenar como hubiéramos querido. Sin embargo ahí estábamos en la línea de salida, apenas con cinco minutos para calentar, emocionados, nerviosos y muy ansiosos. Era nuestra primera rodada "oficial" como equipo, no teníamos estrategia y tampoco pensamos en ganar. Cada uno de nosotros, los ParZeros de BiciMundo Zacatlán, sabía lo que tenía y podía dar. A fin de cuentas ¡estamos locos y nos vale! Los tres primeros km, el adoquín, el pelotón puntero, nosotros intentándonos organizar, el corazón a tope y las piernas entrando en ritmo. Javi, Paco y Brian se fueron. Víctor, El Colombiano y yo, juntos; Migue se perdió en algún grupo. Dany se quedó solo. La suerte estaba echada. Había que seguir pedaleando con o sin parces. ¡Encontramos a Migue en la bajada! Pero no hubo quien le aguantara el ritmo, además no soy bueno para bajar, prefiero escalar. ¡Subir es lo mío! En Izúcar de Matamoros me quedé solo, muy solo, una soledad que te invade la mente. La incertidumbre entre ir más rápido o aguantar las piernas. No ves a nadie, no pasan coches, el pavimento no ayuda, perdí a mi equipo y perdí el ánimo. ¡Puta madre! ¿Qué hago aquí? Me paré en el abastecimiento para rellenar mis ánforas y pregunté si iba bien, no entendía por qué iba tan solo. Van 30 adelante de ti -me dijeron- y entendí que iba entre los últimos. Ni modo, pensé, me subí a mi Giant y sentí pena por ella también, en la salida había visto bicicletas de mejor gama, de fibra de carbono, era un poco lógico y empecé a pedalear por mí y por mi familia esperándome en casa. Minutos después aparece nuestra camioneta, ya uno de nosotros había abandonado, hablan conmigo y entiendo que voy en medio de mi equipo, quería esperar a los de atrás pero me dijeron que mejor alcanzara a los de adelante. Alguien me alcanza en una bici contra reloj y me dice que viene una subida, que subamos juntos, lo pensé por unos segundos y volví a sentir pena por mi Giant, pero le dije que sí. Tres, cuatro pedaleadas y lo dejé atrás, eso me animó, mis piernas reaccionaron y a mi bici de pronto le salieron alas ¡carajo, esto es lo mío! Y como en un videojuego empecé a ir uno por uno hasta contar 23 bicis, 23 pares de piernas que se quedaron por detrás. ¡Llegue al kilómetro 100! Me sentía fuerte, el sol estaba en su máximo, había sorteado curvas y había escapado del lado oscuro de mi mente. Otro abastecimiento, debo reconocer y agradecer al staff por la atención, muy amables y optimistas. Me ofrecieron semillas, sandwich, algo de comer, pero yo solo quería agua y gatorade. Relajé las piernas e intenté limpiar mis gafas llenas de sudor que me hicieron rodar casi a ciegas ese tramo. Vi pasar a 3 ciclistas y se me ocurrió preguntar cuantos habían pasado, hay cinco adelante de ti -me contestó el chico de los tiempos- ¡Cinco, solo cinco por delante y ya se me fueron otros tres! Me subí a mi Giant y sentí un dolor en la planta de los pies, un dolor punzante pero no hice caso, traía la adrenalina a tope y empecé a rodar el último tramo con todo lo que me quedaba. Pensé en el equipo, en los entrenamientos a San Miguel, las subidas de Acoculco, las mañanas frías de los sábados cuando me obligué a salir de la cama, pensé en mis hijos pidiéndome que los llevará a su paseo en bici cuando yo regresaba de estar 3hrs en ella, pensé en mi esposa esperándome para desayunar, pero el dolor en mis pies frenó todo mi entusiasmo. Punzadas, dolor, presión, dolor, mucho dolor. Imaginé mis pies morados, sangrados, imaginé que no llegaba, ya no podía pararme en pedales, alcanzaba a uno, a dos y me volvían a pasar en esa zona de topes que nunca olvidaré. Ya no podía, quería gritar de dolor, estaba a 50 metros de mis objetivos y sentía que pedaleaba sobre el mismo lugar. Sabía que tenía que superar el dolor antes que él me superara a mí, me dejé ir hacia ese lugar de la mente donde el cuerpo trabaja en automático, una pedaleada a la vez. Empezaron los gritos de ánimo, había gente apoyando, personas que jamás volvería a ver me felicitaban, los policías deteniendo el tráfico (un aplauso para ellos) desde una camioneta me gritaban, ¡ya llegaste! A lo lejos veo el arco, voy con las piernas rotas y el corazón palpitando al cien. Crucé la meta, la gente aplaudía y me saludaba, ¡estaba eufórico! Después mi medalla, la cerveza, el descanso, conté 6 bicis más la mía, ¡no lo podía creer! Poco a poco fui recuperando a mi equipo: Javier, Brian, El Colombias, Víctor, Migue, Paco y Dany. Dolores, calambres, ponchaduras, una intoxicación, todos teníamos nuestra historia de 150km a cuestas, todos nos sentíamos satisfechos y luego, la premiación. Javi y yo decidimos quedarnos a cuidar nuestras bicis, mi Giant ahora valía oro y sin imaginarlo, sin pensarlo, escuchamos "Primer lugar por equipos Bicimundo" corrimos, me subí al podium y supe que todo había valido la pena. Nos vemos en Querétaro. Armando Luna #34


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Invitamos a todos los ciclistas que crean tener todo lo necesario para conquistar el eje neo volcánico poblano, mayores de 18 años, en rama varonil o femenil. Descarga aquí.

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